ARTESANOS

GORDIOLA

La familia Gordiola abrió su primer taller de vidrio junto a la Portella de Palma de Mallorca apostando por mezclar los estilos aragonés y catalán, a los que posteriormente se incorpora el verde andaluz en porrones, botijos y ‘almorratxas’. Los estudios en Venecia de uno de los hijos del fundador, Bernardo Gordiola –del padre no se sabe el nombre–, acaban marcando la diferencia. El salto al siglo XX lleva a que se incorporen técnicas del mundo industrial debido al auge del negocio de producción de botellas y garrafas, volviéndose a la elaboración artesanal en los años 20. Casi todo se produce por encargo, existiendo la posibilidad de aportar diseños propios para trabajarlos junto a los maestros vidrieros. En el catálogo encontramos desde intrincados candelabros-palmera y fruteros exhibiendo topos, rizos, espirales y guirnaldas hasta aceiteras con el cuenco antigoteo y juegos de copas y vasos en siete colores y múltiples acabados.

Hoy Gordiola ocupa un “castillo” a las afueras de Algaida donde se elabora el vidrio soplado a la vista de todos. Empieza a trabajarse a 1.200 grados después de extraer la ‘posta’ del crisol, siempre encendido para mantener fundida de forma constante la base de sílice, polvo de mármol, carbonato de sodio y caliza. A 500 grados ya no se puede trabajar más y toca meter la pieza en el arca de recocido, donde pasa de estado plástico a rígido mientras se deja enfriar durante toda la noche para evitar que se rompa con un cambio brusco de temperatura. Entre medias, dándole vueltas a una velocidad endiablada, se le podrá haber dado forma marcando un relieve con ayuda de pinzas, mediante presión en las paredes o insertando finas varillas de vidrio. Ahí es donde se la juegan; apenas existe posibilidad de corrección. Cada vaso tarda en hacerse 10 minutos; las lámparas de seis brazos, entre 3 y 4 días.

 

 

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